"Yo no sufría de depresión porque era anoréxica: era anoréxica a raíz de mi depresión". La frase aparece en el libro ABZURDAH, escrito por Cielo Latini, de 21 años, y aclara la diferencia entre una enfermedad psicológica y sus síntomas, como el rechazo a la comida. La autora refiere, con fidelidad, el alto grado de maltrato afectivo que soportó de un hombre que conoció por Internet. En épocas pasadas, las mujeres también se alteraban física y moralmente por un amor desatinado.
La Ana Karenina de León Tolstoi, es una persona digna y solidaria, pero llega a la degradación social por seguir a un hombre subyugada por su sola presencia. Madame Bovary, de Flaubert, desprecia el cariño de su marido para naufragar en un mundo de glorias efímeras, donde reina con la corona perecedera de la alabanza masculina. Una infancia sin cariño no aparece como argumento suficiente para enamorarse de un ser, más que malvado, inconveniente.
Me atrevo a afirmar que la soberbia, el peor de los pecados capitales, es el que suele mover a esta entrega MORTAL. El otro es el espejo que refleja la perfección: para él, soy delgada, lúcida, seductora. Las injuriadas por un mal amor, tanto reales como de ficción, son mujeres atractivas, perspicaces y hasta instruidas; se preocupan por seguir la moda; demuestran buen gusto y una educación esmerada. La aparición de un personaje que las entroniza, las mueve a seguirlo: y allí aparece la terrible obsesión. Elizabeth McNeill, exitosa propietaria de un agencia de publicidad, se vio envuelta en una pasión donde el dolor y el placer la paseaban de diosa a esclava y viceversa. Al renunciar a su demencia emocional, lloró durante una semana, pero encontró alivio escribiendo sus memorias. Cuando las publicó fueron un éxito, y se hizo millonaria por los derechos de autor, que le pagaron para filmar la película NUEVE SEMANAS Y MEDIA.
La excelencia de los sentimientos tiene que ver con un ida y vuelta donde la serenidad, la templanza, el buen sentido, y la ternura permitan descubrir las facetas que se ocultan en un perfil, una frente, el gesto de una mano, un tono de voz, una carcajada, un silencio. ¿Las mujeres confundimos, a veces, la coquetería con la arrogancia y la presunción? Es probable.
Y más que elegir, somos elegidas. El que optó nos encandilará con su admiración, aunque suela desaparecer, amar a otras mujeres y mantener una conducta equívoca.
Esa imperecedera poetisa del amor imposible ALFONSINA STORNI, escribió:
"Altivo ese que pasa, miradlo al hombre mío.
No le miréis la boca porque podéis quemaros,
no le miréis los ojos pues moriréis de frío."
Síntesis del ardor y la indiferencia por un ser inaccesible pero amante, vehemente pero cruel, del que no se puede abdicar."
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