sábado, diciembre 06, 2008

UNA ANECDOTA EN "LA FUENTE"
























Aunque era muy de ir a la fuente (cantina de arrabal del siglo pasado ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de Guadalajara, Jalisco),cuando el lugar estaba lleno de viejitos teporochos que sólo ahí podían beber, porque la cerveza costaba 2.50 y era fácil adquirir una y a la vez escuchar a la Orquesta Sinfónica de Jalisco, bueno a un pianista, un violinista, bajista y chelista (no chelero que no es lo mismo) y sin pagar entrada, escuchando: luces de Nueva York, arrabalera, hipócrita, desdén, etc. Si me echaba unos tragos de tequila combinados con cerveza, iba beber de gratis con una amiga que usaba botas y cada rato se le desamarraban las agujetas, yo no comprendía, porque ella derepente resultaba muy pagadora si la que tenía dinero era yo, pero ya después de un rato ella decía no comadre yo pago, esta me toca a mi, de las últimas veces que fuimos, me confesó que no se le desataban las agujetas, nosotras acostumbrábamos a sentarnos en la barra con los más teporochos, o tomámos paradas, íba yo a disfrutar la música y ella por unos tragos de tequila, pues cuando ella fingía atarse las agujetas, era porque recogía monedas que los borrachos tiraban al sacar sus carteras para ir pagando, ya que ahí se paga cuando se pide.

Dejé de asistir a ese lugar porque llegó Lucía Maya, pintó una cursilería horrenda en el techo, pintaron paredes, ampliaron el lugar, ya no tiene ese calor de borrachos desconocidos que iban a berber en soledad a un lugar oscuro, mal oliente, lleno de telarañas, que flotaban entre humo de cigarro y olor a orines y a cerveza resagada, se terminó esa magia arrabalera de los años cincuenta o tal vez cuarenta que tenía el lugar.

El nombre originalmente se le puso, porque había una fuente que se usaba como migitorio y estaba al descubierto, con el paso de los años comenzaron a asistir mujeres al lugar como Silvia Pinal, Chavela Vargas, entre otras y tuvieron que poner una mampara que cubriera "la fuente".

Existe una anécdota muy peculiar que data de 1957, un hombre llegó a beber unas cervezas, pero su bolsillo no ajustaba para embriagarse, así que optó por dejar empeñado su transporte, una bicicleta que aún espera que este hombre vaya a recogerla y pague su deuda.

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