¿Qué es la compasión? La compasión es el deseo de que los demás estén libres de sufrimiento.
La compasión se enfoca en descubrir en las personas, sus necesidades y padecimientos, con una actitud de encontrar en ellos su brillo interior, para ayudarles a descubrirlo ellas mismas y fluyan en las transiciones que se atraviesan en su vida.
Si deseamos aprender compasión, es bueno cultivar sentimientos de empatía o proximidad hacia los demás. También debemos reconocer la gravedad de su desdicha. Por eso cuánto más cerca estamos de una persona, más insoportable nos resulta verla sufrir. Hablar de cercanía no es referirse a una proximidad solamente física, ni tampoco emocional. Es una sensación de responsabilidad, de preocupación por esa persona. La compasión es poner en movimiento nuestras energías para dar soluciones a aquellos que han caído en desgracia y a los desvalidos. La capacidad de conmovernos ante las circunstancias que afectan a los demás requiere acciones para lograr una mejor calidad de vida en nuestra sociedad y el alivio de dolor material, mental y espiritual. Por eso cuando vemos que suceden desgracias como la agresión de las fuerzas naturales, la violencia y los accidentes, la compasión nos mueve a realizar campañas, colectas o prestar servicios para apoyar en las labores de ayuda humanitaria. Es muy importante distinguir entre compasión y sentir lástima. Sentir lástima es ver la desgracia de los demás como algo sin remedio y pensar que sería de nosotros en esa situación. No hacemos nada para aliviar el dolor ajeno y a lo mucho pronunciamos unas cuantas palabras para aparentar condolencia. Por eso decimos que cuando sentimos lástima por alguien, la estamos sintiendo por nosotros mismos.
Más las personas que nos rodean necesitan la compasión que comprende, se identifica y se transforma en acción, como cuando quien visita a un amigo o familiar que ha sufrido un accidente o padece una grave enfermedad, y está pendiente de su recuperación y en sus visitas procura dar alegría vestida de momentos agradables; cuando un padre o madre de familia reprende, anima y confía en la promesa de ser la última vez que ocurran las faltas de los hijos, por inmadurez, descuido o una travesura deliberada; cuando en la escuela el maestro corrige con firmeza y cariño la indisciplina de sus alumnos, o pone todos los recursos al alcance para sacar adelante a ese joven con dificultades en el estudio; cuando jóvenes participan en actividades de asistencia social en comunidades marginadas, conviviendo sin importarles lo descuidado del aspecto y modos de los chicos visitados, y en fin, en cada oportunidad que se nos presente en nuestras diferentes esferas de vida. El caso es apoyar a la gente a salir de las oscuridades que, a veces de manera personal, a veces por fuerzas externas, se mete (o nos metemos) en túneles donde no vemos la salida.
Algunos puntos importantes al ser compasivos son:
Observar quien a tu alrededor puede estar teniendo una necesidad o sufren contratiempos, para que definas cómo puedes ayudar, y sobre todo, poner en acción ese propósitos; no discriminar a las personas que te necesitan por su posición o el grado de efecto que les tengas; hacer a un lado la falsa sensación de seguridad que se obtiene al hacer notar nuestra participación o esperar cualquier forma de retribución; Ahora, la compasión tiene un elemento clave para vivirla en todo su poder, el concentrarse en desear el bien a los seres queridos y, después extender estos sentimientos a toda la humanidad, sin pensar en nadie en concreto. Adicional a ello, podemos incluir entrenar la concentración, practicar la generosidad, estrategias cognitivas y la visualización del dolor ajeno. Finalmente, hablar de compasión es hablar de una forma de amor, ¿tú amas?
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