Día Internacional de la Mujer
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El Día Internacional de la Mujer Trabajadora o también Día Internacional de la Mujer se celebra el día 8 de marzo y está reconocido por las Naciones Unidas. En este día se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integro como persona. Es fiesta nacional en algunos países y es conmemorada por Naciones Unidas.
La idea de un día internacional de la mujer surgió al final del siglo XIX en plena revolución industrial y auge del movimiento obrero. La celebración recoge una lucha ya emprendida en la antigua Grecia por Lisístrata, quien empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra, y reflejada en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían "libertad, igualdad y fraternidad" marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino, pero no fue hasta los primeros años del siglo XX cuando se comenzó a proclamar, desde diferentes internacionales de izquierda, la celebración de una jornada de lucha específica para la mujer y sus derechos.
Cronología
Se ofrece a continuación una breve cronología de los acontecimientos más destacados: La Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague, proclamó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a propuesta de la dirigente comunista alemana Clara Zetkin, como una jornada de lucha por los derechos de las mujeres. La propuesta fue aprobada unánimemente por la conferencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras mujeres elegidas para el parlamento finés.
Año 1911
Acto de celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Managua (1988).
Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez (el 19 de marzo) en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de personas, que exigieron para las mujeres el derecho de voto y de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.
Menos de una semana después, el 25 de marzo, más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, murieron en el trágico incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York. Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron al desastre.
Años 1913 y 1914
En el marco de los movimientos en pro de la paz que surgieron en vísperas de la primera guerra mundial, las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En el resto de Europa, las mujeres celebraron mítines en torno al 8 de marzo del año siguiente para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres.
Año 1917
En el año 1917como reaccion ante los 2 millones de soldados rusos muertos en la [Primera Guerra Mundial], las mujeres rusas escogieron de nuevo el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de "pan y paz". Los dirigentes políticos criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos. El resto es historia: cuatro días después el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, o el 8 de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en otros países.
Desde esos primeros años, el Día Internacional de la Mujer ha adquirido una nueva dimensión mundial para las mujeres de los países desarrollados y en desarrollo. El creciente movimiento internacional de la mujer, reforzado por las Naciones Unidas mediante cuatro conferencias mundiales sobre la mujer, ha contribuido a que la conmemoración sea un punto de convergencia de las actividades coordinadas en favor de los derechos de la mujer y su participación en la vida política y económica. El Día Internacional de la Mujer es cada vez más una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia de Méxio.
El día de la mujer en el movimiento obrero
Acto de celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Managua (1988). En el cartel pone:
Juntos en todo luchamos contra el maltrato de la mujer.
Aún con los hechos redactados en la anterior cronología, la historia más extendida sobre la conmemoración del 8 de marzo hace referencia a los hechos que sucedieron en esa fecha del año 1908, cuando murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado por las bombas incendiarías que les lanzaron ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían.
También se reconoce como antecedente a las manifestaciones protagonizadas por obreras textiles el 8 de marzo de 1957, también en Nueva York.
En el estudio realizado por Isabel Álvarez González y publicado bajo el título Los orígenes y la celebración del Día Internacional de la Mujer, 1910-1945 (KRK-Ediciones, Oviedo, 1999), el incendio que se vincula con la celebración de esta fecha no fue el 8 de marzo sino el 25 de marzo de 1911, pocos días antes de la celebración del primer Día Internacional de la Mujer, en la empresa Triangle Shirtwaist.
La manifestación a la que muchas veces se hace referencia, no habría ocurrido el 8 de marzo de 1908 ni de 1857, como muchas fuentes señalan, sino el 27 de septiembre de 1909; a partir de noviembre de 1908 según otras fuentes, en el marco de una huelga de más de trece semanas de las empleadas y empleados del sector textil realizaron en el East Side de Nueva York. Participaron más de 20.000 obreros, en su inmensa mayoría mujeres. Durante esas 13 semanas padecieron hambre, ataque de esquiroles, detenciones (más de 600), despidos... pero consiguieron las peticiones reclamadas. El 8 de marzo de 1909 se convocó una manifestación exigiendo, de nuevo, mejoras de condiciones para las mujeres emigradas y la abolición de la explotación infantil así como el derecho al voto de las mujeres.
Las historiadoras Liliane Kandel y François Picq afirman que el mito que sitúa la manifestación en el año 1857 fue creado en 1955 para eliminar el carácter comunista que más tarde adquiriría el Día Internacional de la Mujer.
Aún así, tal y como reconoce la historiadora Mari Jo Buhle en su obra Women and American Socialism 1870-1920 el incendio de la Triangle Shirtwaist Company fue de una gran transcendencia en la historia social de EE.UU. y del movimiento obrero y feminista al dar muerte a las obreras que en 1910, el año anterior al mismo, habían protagonizado la primera huelga llevada a cabo exclusivamente por mujeres en demanda de mejoras en su situación laboral.
El mito del 8 de marzo Delante de la necesidad de existencia documentada de un hecho que motivase el Día Internacional de la Mujer, nos encontramos con un relato que ha llegado a ser un mito, y del cual la única constancia que hay es la transmisión que se hace de una generación a otra.
Según la historia española, el 8 de marzo se vincula al incendio ocurrido en esa fecha en el año 1908 en la fábrica textil Cotton, de Nueva York, provocado por el mismo empresario a causa de unas obreras que se habían declarado en huelga y estaban encerradas en la empresa. Para hacer temblar esta teoría tan sólo hace falta mirar el calendario: el 8 de marzo de 1908 era domingo, un día extraño para declararse en huelga porque no perjudica al empresario. Pero si que es cierto que hubo un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist Company, en el que murieron muchas mujeres, la mayoría chicas inmigrantes de entre 17 y 24 años, no fue sin embargo el 8 de marzo de 1908 sino el 25 de marzo de 1911, días después, por lo tanto, de la primera celebración del Día Internacional de la Mujer.
Según la historia norteamericana, se vincula el origen del 8 de marzo a una manifestación de trabajadoras del sector textil en la ciudad de Nueva York, donde se reclamaban mejoras laborales, que según algunas versiones, tuvo lugar el 8 de marzo de 1857, y según otras, el mismo día de 1908, como se acostumbra a aducir. Fue el 27 de setiembre de 1909, cuando los trabajadores y trabajadoras del sector textil hicieron una huelga de 13 semanas (hasta el 15 de febrero de 1910) demandando mejoras laborales. Por lo tanto, se ha de decir que tampoco fue éste el origen de la celebración del 8 de marzo.
Las historiadoras Liliane Kandel y François Picq afirman que el mito que sitúa la manifestación en el año 1857 se creó en 1955, para eliminar el carácter comunista que más tarde adquirió el Día Internacional de la Mujer.
Orígenes del 8 de marzo En los Estados Unidos, en el año 1903, las mujeres sindicalistas y las de profesiones liberales, al mismo tiempo que hacían campaña para conseguir el sufragio, consiguieron organizar a las trabajadoras alrededor de sus derechos políticos y económicos. Aquellos años fueron tristes y amargos para muchas mujeres, que subsistían en condiciones de trabajo terribles y en unos hogares caracterizados por la pobreza y a menudo por la violencia.
En 1909, el último domingo de febrero, en los Estados Unidos, unos meses antes que las trabajadoras del textil de Nueva York comenzasen su huelga, las mujeres socialistas proclamaban el primer día de la mujer, Woman´s Day, con grandes manifestaciones, en que reclamaban sus derechos políticos y económicos.
El año siguiente, y también el último domingo de febrero, se volvió a celebrar el Woman's Day, con objetivos, sin embargo, más definidos. De un lado se quería despertar la conciencia de las clases obreras y hacer evidentes las condiciones de semiesclavitud económica en que vivían las mujeres y, de otra, hacer crecer el interés en el Partido Socialista Americano, que decía que era el único que defendía la igualdad económica y social entre hombres y mujeres. La celebración más importante tuvo lugar en Nueva York, ya que fueron las huelguistas del textil las que asistieron al acto. Esto nos permite decir que el origen del Día Internacional de la Mujer no está en ninguna manifestación de obreras, sino que fueron las trabajadoras que habían acabado la huelga 12 días antes las que asistieron a los actos celebrados por las socialistas en defensa del voto de las mujeres. Dado que la reivindicación que justificaba la celebración del Woman's Day era el derecho de voto para las mujeres, a las obreras les era más fácil identificarse con las sufragistas que con los hombres de su misma clase social.
El Woman's Day salió muy fortalecido del congreso del Partido, en 1910, ya que se aprobó reservar el último domingo de cada mes de febrero para la reivindicación del sufragio femenino, al mismo tiempo que también se aprobó recomendar a las delegadas que asistirían a la II Conferencia de Mujeres Socialistas en Copenhague, que se debía de celebrar ese mismo año, que se trasladase la propuesta aprobada.
Así, durante la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas se adoptó la conmemoración de una jornada especial de movilización, consagrada prioritariamente a la lucha por el derecho a voto de las mujeres. Fue la militante socialista Clara Zetkin quien presentó la propuesta, que tenía un cambio significativo, ya que, si bien las americanas habían comenzado a celebrar oficialmente una festividad dedicada a la mujer el año anterior y hablaban del Woman's Day (Día de la Mujer), Clara Zetkin lo llamaba ya Women's Day (Día de las Mujeres), hecho que estaba ligado al carácter internacional que la fecha adquiriría a partir de entonces. La fecha escogida para la primera celebración fue el 19 de marzo, muy significativa para el movimiento obrero alemán, ya que fue un 19 de marzo del año 1848 que Guillermo de Prusia reconoció la fuerza del pueblo armado e hizo promesas como el reconocimiento del derecho al voto de las mujeres, promesas que finalmente no fueron cumplidas.
La celebración fue seguida en Austria, Dinamarca, Suecia y otros países europeos además, evidentemente, de Alemania. De cualquier manera, en los primeros años, el Día Internacional de la Mujer se celebraba en fechas diferentes según los países. En Suecia, por ejemplo, la primera vez hicieron coincidir la fecha con el 1 de mayo y al año siguiente con el 12 del mismo mes.
El año 1913 las socialistas alemanas tuvieron que convencer a sus compañeros para poderlo celebrar, ya que, aduciendo la poca asistencia de público el año anterior, eran reticentes a celebrarlo. Se basaban en esta excusa para eliminar una celebración en la que las mujeres demostraban su independencia y proponían la celebración de mítines por causas específicas y necesarias. A pesar de todo, Clara Zetkin y Luise Zietz unieron esfuerzos y consiguieron celebrar el Día Internacional de la Mujer el 2 de marzo, el mismo día que se había escogido en Rusia.
El año 1914, a propuesta de las alemanas, el Día Internacional de la Mujer, se celebró por primera vez el 8 de marzo en Alemania, Suecia y Rusia. Solamente hay una autora que se atrevió a justificar la elección de esta fecha, Renée Côté, que apuntaba como explicación el hecho que el mes de marzo ya estaba cargado de contenido revolucionario, pero no daba más datos sólidos de porqué fue ese día y no otro.
La celebración de este día no se encuentra en Rusia hasta el 23 de febrero, 8 de marzo del calendario occidental, de 1913; animaron a las obreras a celebrar manifestaciones para protestar por la falta de derechos políticos y económicos.
También la Revolución Rusa de 1917 tuvo una gran influencia en el Día Internacional de la Mujer. El amotinamiento de las mujeres rusas, el 23 de febrero de 1917, debido a la falta de alimentos, daría inicio al proceso revolucionario que acabaría en octubre de ese mismo año. Los acontecimientos de aquel 8 de marzo son importantes no sólo porque dieron inicio a la revolución y fueron protagonizados por mujeres, sino también porque, según todos los indicios, estos sucesos fueron los que el Día Internacional de la Mujer pasase a celebrarse, sin más cambios hasta hoy, el 8 de marzo.
A pesar del estallido de la II Guerra Mundial, el Día Internacional de la Mujer se siguió celebrando, dando otro aire a la celebración. El año 1944, el acto que tuvo lugar en Londres, se configuró alrededor de la paz. El año siguiente, también en Londres, se impulsaba la necesidad de elaborar una carta en que se incluyesen los derechos políticos, sociales, económicos y educacionales de las mujeres, propuesta que se dedicó a promover una comisión creada por Naciones Unidas.
No deja de ser curioso que Naciones Unidas, en la versión de los hechos que ofreció con ocasión del Año Internacional de la Mujer (1975), no mencione en ningún momento los hechos vividos en Rusia en 1917.
Dos años después, en 1977, las Naciones Unidas adoptaron una resolución que convidaba a todos los países a consagrar un día a la celebración de los derechos de las mujeres y de la paz internacional. El 8 de marzo se convirtió en este día de reconocimiento.
Todos los días del año son 8 de marzo
Aún hay demasiados motivos de discriminación laboral y desigualdad social para celebrar y reivindicar la celebración del día internacional de las mujeres trabajadoras.BEGOÑA MARUGÁN / TRIBUNAComo cada año por estas fechas a la par que actividades, mesas redondas, fiestas y manifestaciones, salta la polémica: ¿Por qué seguir celebrando el 8 de marzo? Para algunos nunca debiera haber existido este día y cínicamente preguntan: ¿Cuándo es el día de los hombres? A lo que puedes no contestar, contestar que "todos" e, incluso, exponer algunas de las situaciones en las que fácilmente se constata la frágil posición social de las mujeres en el momento actual.
Así, se les puede recordar que negar la problemática de las mujeres es olvidar al 51 por ciento de la población de este mundo, en que el 70 por ciento de la población pobre es femenina. En muchos países, las mujeres no tienen derecho a heredar, la mayor parte del trabajo que realizan no es remunerado, el 33 por ciento son analfabetas, 100 mil mujeres mueren anualmente por abortos mal practicados, millones de niñas han sufrido la extirpación de sus órganos genitales y la violencia sexual se practica en todas las guerras.
Puede que esto sea demasiado genérico y que no se entienda. Vale, son descripciones que nos pueden parecer lejanas, pero ¿quién no ha visto algún reportaje o crónica sobre las afganas mujeres que estaban incorporadas a la vida pública hasta que el poder talibán las ha recluido y sabe que en la actualidad, algunas de estas mujeres han optado por el suicidio? Hagamos memoria y recordaremos que la pobreza puede ser más dura para unas que para otros, ¿o no sienten nada los que preguntan por el día de los hombres cuando ven bajar de las pateras a mujeres a punto de parir o con bebés recién nacidos? Claro, dirán que ese es otro problema. Ya. ¿Y qué me dicen de las 64 mujeres que el año pasado fueron asesinadas por sus maridos o exmaridos en el Estado español?
A estas alturas seguro que hay quien piensa que eso pasa, pero no son temas sindicales. ¿No son temas sindicales el que la mayor parte del trabajo de las mujeres no sea retribuido y, lo que es peor, ni tan siquiera valorado y compensado con prestaciones sociales como es el trabajo doméstico, y el cada vez mayor trabajo voluntario y de autoayuda? ¿Quizá tampoco sea un tema sindical el que con tan sólo 43 por ciento de tasa de empleo femenino, la de paro sea del 21 por ciento? ¿No son temas sindicales, el que las mujeres europeas ganen un 28 por ciento menos que los hombres, el que los empleos a tiempo parcial estén ocupados en un 80 por ciento por mujeres, lo que implica que, en Europa un 30 por ciento de las mujeres están ocupadas a tiempo parcial en puestos poco cualificados y, por tanto, mal remunerados, el que la tasa de paro siga afectando al 15,9 por ciento de la población activa, donde el desempleo de larga duración afecta sobre todo a las mujeres y las personas de más edad y donde el trabajo precario se ceba en los jóvenes y en las mujeres?
¿Debería ser un tema sindical la existencia de una serie de factores físicos y psicosociales que afectan de una manera especial a las mujeres trabajadoras y que muchas veces no se tienen en cuenta o simplemente se diagnostican como problemas mentales?
Cuando los estudios de CCOO demuestran que la doble jornada es el principal factor de riesgo que las mujeres padecen y que, después de la Ley 39/99 sólo un 0,98 por ciento de los nuevos padres han cogido la baja paterna, la sanidad pública sigue tratando la mayoría de los trastornos de salud originados por el trabajo de las mujeres como crisis depresivas, que tratan de resolver recetando antidepresivos o ansiolíticos.
Creemos que estos temas sí son sindicales, pero aún habrá quien opine que estas cosas no pasan en la Administración. El sistema de acceso a la misma, se dice que iguala a hombres y mujeres bajo los principios constitucionales de "igualdad, mérito y capacidad". A pesar de ello, en la práctica, no existe esta igualdad porque el principio se aplica sobre condiciones diferentes no igualitarias y, con ello, se perpetúa la discriminación y, lo que es más grave, se legitima porque queda camuflada y muestra apariencia de normalidad y neutralidad, siendo difícilmente detectable.
Un año más las mujeres de todo el mundo conmemoramos un hecho histórico de reivindicación de nuestros legítimos derechos. Un nuevo 8 de Marzo que pretende ser llamada de atención a la sociedad. Recordatorio periódico de la situación de desigualdad que sufre la mitad de la población, más o menos denigrante en función del entorno social, pero siempre lesiva de nuestros derechos humanos y de ciudadanía.PACA AGUILERA / FSAPUn momento, también, de obligado balance de los logros alcanzados y de reconocimiento de las mujeres que nos precedieron en esta labor de todas. Una oportunidad de elaboración de propuestas y estrategias de acción para, desde lo conquistado, avanzar en un camino que no admite regresión.
Sin duda, esta oportunidad de valoración nos hace abundar en la reflexión sobre las contradicciones que nos acompañan. Este camino no tiene posibilidades de regreso, pero ¿a dónde nos conduce? Construimos hacia objetivos de igualdad desde la conjetura de que ello es virtualmente emancipatorio para el conjunto de las mujeres y, no obstante, hasta el momento no se vislumbra una mejora de nuestra situación social ni nuestra calidad de vida.
Nos incorporamos al ámbito de la participación en lo público desde el obstáculo que supone su diseño por y para el género masculino. Hemos de encajar en un sistema de valores diferentes a los que constituyen nuestro bagaje histórico y, en donde los nuestros son considerados de segunda categoría, cuando no inadecuados. Ello nos procura nuevas y más sutiles formas de discriminación.
La lucha por hacer valer los méritos que nos significan, nos sitúan en posición de “demostrar”, en lo público, lo que se les supone a los varones, sin opción de compartir en el espacio de lo privado. El efecto es una jornada, sin fin, en la que se superponen las responsabilidades y la frustración de ser conscientes de cubrir ambos espacios de forma insuficiente.
Reconocemos, no obstante, que esta incorporación a lo público y, fundamentalmente a la educación y el empleo remunerado, ha supuesto para nosotras –respecto a una situación previa, no tan lejana en el tiempo– grandes avances a los que no podemos, ni queremos, renunciar.
Ellos suponen la plataforma básica sobre la que construir para las nuevas generaciones, para las que estamos obligadas a responder de nuestros actuales cuestionamientos.
Las teóricas feministas (no hay un feminismo sino varios) han ido elaborando nuevos paradigmas sobre los que reflexionar e intervenir y, aún cuando dan lugar a diferentes corrientes de mayor o menor complejidad, todas parten de un lugar común sobre el que queremos abundar.
Nuestra sociedad actual está construida sobre un pacto de división sexual del trabajo, histórico y tácito, que ha adscrito al género femenino a lo privado y al género masculino a lo público, al tiempo que ha dado prevalencia a este último sobre aquél, al que considera subsidiario, al igual que a quienes, en ese pacto, han de desempeñar las tareas que genera.
Parecía, hace no muchos años, que todo cuanto ocurría entre hombres y mujeres eran hechos de la propia naturaleza, contra la cual no había nada que hacer. Precisamente el feminismo ha evidenciado que esas relaciones son culturales, es decir, artificiales, producto de la educación. Esto supone la seguridad de que igual que un día se impusieron, pueden desaparecer el otro.
Esta realidad, no obstante, ha supuesto para las mujeres un proceso doloroso de deconstrucción de nuestra identidad. El propio cuestionamiento del orden patriarcal es, al tiempo, vivencia y fruto de ese intento de redefinición de nuestro papel social, desde el conflicto entre la conservación y el cambio que marca nuestra experiencia en el ámbito de la vida cotidiana. Pagamos el precio de todo proceso de innovación, donde lo antiguo no acaba de morir y lo nuevo aún está por crearse.
Esta necesidad de desmontar, desaprender y dotarnos de una nueva identidad en torno a un paradigma distinto, ha propiciado un cambio de mentalidad que conlleva la aparición de nuevas reivindicaciones. El modelo masculino dominante queda deslegitimado por la mitad de la ciudadanía.
Cuestionamos la supremacía del tiempo de trabajo remunerado sobre los otros tiempos: tiempo doméstico, tiempo para los demás, tiempo propio. Reclamamos más libertad y solidaridad en el uso de los tiempos.
Desde la diversidad que compone el colectivo femenino (las jóvenes que viven un tiempo de tránsito, las mujeres que tienen su tiempo completo, las mujeres sin tiempo propio y las que buscan el tiempo perdido) se reclama un nuevo modelo social.
El feminismo ha elevado a públicos los cuestionamientos básicos del patriarcado, demostrando la decadencia de un modelo ideológico que está agotado. No obstante, las batallas por objetar la actual división del trabajo en función del género, la lucha por el derecho al aborto, la reivindicación de una enseñanza no sexista, de la igualdad en el acceso y la promoción en el empleo, la permanente denuncia de las agresiones a mujeres, la constante puesta en evidencia de una hipócrita moral sexual, sólo son líneas de trabajo que, de no ir más allá, podrían quedar en meras reformas de lo dado.
Tampoco los hombres se encuentran muy cómodos en una situación en la que, aún cuando siguen ostentando el poder de decisión sobre cuestiones que afectan a la totalidad del género humano, este se produce en un espacio en el que no sirve la representación del papel tradicional del varón. Son conscientes de mantener un sistema de valores no legitimado por toda la población y se enfrentan, con inquietud, a un nuevo modelo al que se sienten arrastrados.
En ocasiones –quizá por deformación sindicalista en esta relación de hombres y mujeres, se encuentran paralelismos con una supuesta gran mesa de negociación en la que las partes –los géneros han de conciliar objetivos. Toda reivindicación del género femenino es considerada por la contraparte como una pérdida de derechos adquiridos.
Una negociación mal enfocada. Es preciso deconstruir un pacto que se produce para un momento histórico y cultural concreto y que, permaneciendo prácticamente inalterable en el tiempo, pretende dar respuesta, hoy, a un espacio y un tiempo diferentes, en el que es inviable la gestión unilateral del mundo por parte de uno solo de los representantes de la especie humana.
Por ello, hablemos de reorganización en esa mesa. Precisamos un nuevo orden social desde el consenso de las partes. Un nuevo modelo capaz de reunir ambas perspectivas y, por tanto, sin el defecto de parcialidad que el modelo actual padece.
Esto supondría cambiar completamente el modo de organizar y concebir el tiempo, la convivencia. Requiere, más allá de la asunción de nuestros valores en el ámbito de lo público o de los masculinos en el privado, la propia desaparición de la división pública o privada, dando lugar a la corresponsabilidad de la totalidad de la especie humana en la consecución del conjunto de los objetivos de convivencia comunes.
Ningún derecho que ganar o perder figura en este proyecto.
Desde el cuestionamiento de la generalidad del orden establecido sólo cabe construir mejoras en la relación entre los géneros. Aún cuando las fases de construcción del nuevo modelo social se han de superponer, todos los temas deben formar parte del proyecto. Su riqueza ha de proceder de la diferencia de los enfoques de los géneros, que no de la desigualdad entre ellos.
Bien es cierto que el motor que ha de propiciar la asunción del proyecto –quienes han de sentar a negociar a la otra partehemos de ser las mujeres. Para ello debemos situarnos tanto en clave de necesidad como de posibilidad, y no de mera utopía.
¿Porqué el 8 de marzo?
Estamos habituadas a considerar el 8 de marzo como un día festivo de reivindicación que muchas veces acaba en una cena con las amigas sin maridos y compañeros. Parece que no tengamos memoria o puede que muchas de nosotras no conozcan el camino que ha conducido a que el 8 de marzo se convierta en el día de la mujer y sobretodo de cómo se ha llegado a hablar de emancipación femenina.NELA PADILLA / MUJERACTUALHagamos una brevísima cronología de las más importantes etapas de la emancipación de nuestro sexo iniciada en el último siglo. Es sólo desde 1977 que el día de la mujer es reconocido oficialmente por las Naciones Unidas. Sin embargo, su historia se remonta a mitad del siglo pasado, cuando en las fábricas trabajaban muchas mujeres malpagadas y explotadas.
Fue el 8 de marzo de 1857 que, por primera vez, algunas operarias de Nueva York protestaron por la mejora de sus condiciones de trabajo: una paga mísera para muchas horas de trabajo en unas condicones pésimas. El resultado de esta primera manifestación fue un ataque por parte de la policía. Dos años después, también en marzo, estas trabajadoras se reunieron formando un sindicato para intentar mejorar sus condiciones de trabajo.
En 1911, en Austria, Dinamarca, Alemania y Suiza, se pensó dedicar un día a la mujer, con el intento de obtener el derecho de voto y terminar con la discriminación sexual en el trabajo. Ese mismo año, el 25 de marzo en Nueva York, 140 trabajadoras de la empresa "Triangle Shirtwaist Company" murieron en un incendio a causa de la falta de seguridad en el trabajo. Una multitud de 100.000 personas participaron en el funeral.
No fue hasta diciembre de 1977 que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución proclamando el 8 de marzo como Fiesta Internacional de la Mujer.
Por último, en 1995 se celebró la cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, con 189 rapresentantes de diversos países.
Son estas algunas de las etapas fundamentales que han llevado al género femenino a la situación actual. Sin embargo, a pesar de las conquistas realizadas en el último siglo queda mucho camino por recorrer, sigue siendo impresionante y doloroso pensar en la situación de las mujeres en Afganistán, Argelia, India... y tantas partes del mundo.
BLANCA MÁRQUEZ RASCÓN / LECTORA DE MUJERACTUALEl día 8 de marzo mujeres y hombres que trabajan por las causas de las mujeres conmemoran en todo el mundo los esfuerzos que éstas han realizado por alcanzar la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. Más allá de fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, las mujeres de los cinco continentes organizan diversos eventos para festejar este día.
Sobre el 8 de marzo existen diversas versiones. La más conocida es la de un incendio ocurrido en una fábrica textil de Nueva York en 1857, donde habrían muerto quemadas las obreras que hacían una huelga. Según la historiadora canadiense Renée Côté, no existen pruebas documentales de que un incendio de esas características se produjera ese año, ni que ese hecho fuera el motivo para establecer una jornada internacional de las mujeres.
Un 8 de marzo de 1857 una marcha pionera de obreras textiles recorrió los suburbios ricos de la ciudad de Nueva York para protestar por las miserables condiciones de trabajo. Un 5 de marzo de 1908 en Nueva York comenzó una huelga de las obreras textiles reclamando la igualdad salarial, que se disminuyera la jornada a diez horas y que se permitiera un tiempo para la lactancia.
El Día Internacional de la Mujer fue instaurado en 1910 por la alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca.
El primer Día Internacional de la Mujer se celebró el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, conmemorando un levantamiento ocurrido en Prusia en esa fecha. Las demandas fueron el derecho al voto, la igualdad de oportunidades para ejercer cargos públicos y el derecho al trabajo.
Los derechos humanos de la mujer son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales. La plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el sexo son objetivos prioritarios de la comunidad internacional.
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