jueves, marzo 29, 2007

CUENTOS PARA REGALAR A PERSONAS ORIGINALES

Hay que tomarse un tiempo para ver. Necesitamos una pausa para reaccionar, para comprender, una distancia para "darnos cuenta".

A veces estos lapsos suelen ser muy prolongados, otras, no tanto; dependen las respuestas, de la disponibilidad interna para lo nuevo, de la capacidad de asombro y la libertad mental que tenga el observador.

En cierta ocasión los animales se pusieron de acuerdo en que no debían traicionar a la alegría.

Sólo gozarían el derecho a vivir las especies alegres; los ejemplares tristes tenían que desaparecer, morir aplastados por la pesadumbre.

Para ello todas las categorías debían someterse a un examen terminante: hacer reír a la marmota.

El recurso adoptado era utilizar un chiste o historia divertida. Si conseguían que la marmota riese, era evidente que el relator disponía de una alegría contagiosa y, por lo tanto, tenía derecho a vivir, sencillamente, por su euforia o bonhomía.

El primer turno le correspondió a la tortuga que se esmeró para que la marmota apreciase una anécdota festiva. La evaluadora no se rió; ninguna gracia le proporcionó el lento y longevo quelonio y por consiguiente su mutismo expresivo sentenció la muerte inexorable.

Luego, le tocó en suerte a la liebre, quien contó lo suyo con entusiasmo y confianza: la marmota no rió. Y la simpática corredora sufrió la indiferencia fatal. Luego el pavo, más tarde el oso, después el gallo, la cebra. Todos fracasaron...

De pronto se presentó la lechuza. Con voz firme y en frases cortas, narró una desopilante historia de enredos... Todos miraron ansiosos a la marmota que comenzó a reír y reír cada vez en forma más estruendosa, incontenible. El león, admirado preguntó:

-¿Te gustó el cuento de la lechuza?

-No, ¡qué bueno el de la tortuga!

Cuando la marmota ríe, hay que remontarse a las causas primeras, remotas, porque tarda en festejar.

Algunos lectores, a quienes quiero mucho, me escriben celebrando algunos de mis cuentos del libro anterior, me dicen: "¡Muy bueno el del elefante!"

Por suerte no estoy sometido a ningún juicio fatal.

Salvando la distancia, peor le fué a Galileo, a Giordano Bruno y al médico Miguel Servet, el primero en decir que la sangre corría por el sistema circulatorio y describir la función que tiene la respiración en la transformación de la corriente venosa en arterial. Sus cuentos no gustaron en la época, especialmente: De trinitatis erroribus; Dialogaron de Trinitate; y Christianismi restituto. Fue quemado en la hoguera.

Extraido de "Cuentos para regalar a personas originales""-de Enrique Marisca

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